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Terra
La Coctelera

La Tormenta Perfecta

Hola a todos,

La última vez que escribí, en noviembre, me quejaba de que apenas tenía actividad en mi trabajo, y que me aburría mucho. Esta semana, entre el miércoles y el viernes, parece haberse acumulado en tres días toda la tensión que tendría que haber tenido a lo largo de dos meses....

Hay veces que uno está en el trabajo, y parece estar engullido por una tormenta perfecta. Todo es un caos, nada es como tiene que estar, nadie está en su sitio, todos corren de un lado para otro, miles de dudas surgen y no hay nadie a quien preguntar. Por otro lado, un cliente está a la espera de que le soluciones las cosas y no sabes cómo, o si lo sabes, no puedes porque no tienes la información, porque el tipo que te lo tiene que dar está desayunando, o en los bancos, y sientes la presión, un sudor frío porque tienes ganas de gritar en ese momento "¡Quieto todo el mundo!", y dar un golpe de estado en la oficina para dar rumbo a algo que va descarrilado.

Porque el problema es que a veces una oficina es como un barco sin rumbo, y enderezarlo si n medios....puede ser algo realmente duro. Pero lo peor es tener que responder ante ese caos, pues un cliente está delante tuya pidiéndote explicaciones, otro llamándote cada media hora, otro pidiéndote información que no puedes averiguar porque tu cabeza está a punto de estallar.

En fin, todo el mundo ha pasado alguna vez por situaciones así en el curro. Yo he tardado tres meses en vivirlo, así que bueno, no me puedo quejar.

¡Saludos!

Parao en el currele

La vida a veces parece una broma. Durante una buena temporada he estado en paro, lo cual implica no tener nada que hacer (es un decir, porque el día a día ya conlleva cierta ocupación), no ganar dinero y, por lo general, tener cierta actitud de desánimo.

Desde hace mes y medio tengo un trabajo, y si todo va bien, lo tendré por al menos seis meses. Pero se da la circunstancias de que, desde hace una semana, mi nivel de actividad real está al 5%. Me explico mejor: no tengo absolutamente nada que hacer. Cada mañana llego a la oficina, miro mi agenda y veo que no tengo ninguna visita de clientes concertada, ninguna llamada que hacer, ningún asunto que tratar…. La razón es que la actividad que desarrollo va siguiendo un orden, unas etapas preestablecidas; como la primera de ellas ya ha finalizado con cierto éxito, pues estoy a la espera de poder empezar la segunda etapa. ¿Por qué no la empiezo? Porque no depende de mí, sino de que los jefes tomen una serie de decisiones y me den vía libre para ponerme en manos a la obra.

Ellos ya saben desde hace días que hasta que ellos no decidan ciertos puntos, yo no tengo nada que hacer. Pero eso parece no importarles. Ya conocemos a la mayoría de los jefes: son personas muy ocupadas. Entran y salen de la oficina con gesto de agobio desbordado; pararlos y tratar un tema parece más difícil que conseguir una audiencia papal y, una vez que se consigue, lo que te dicen es que no han tenido tiempo para estudiar el tema, y que lo harán lo antes posible.

Mientras tanto, ¿a qué me dedico? A la vida ociosa. Sólo me falta llevarme a la oficina unos palos y ponerme a hacer malabarismos. Gracias a Dios soy una persona creativa: me gusta escribir, tengo imaginación para crearme cosas que hacer…. Por ejemplo, me he hecho un cuadro Excel para llevar los gastos de la casa de los últimos meses; también he podido ejercer de corrector ortográfico, pues me gano un dinerito extra haciéndolo para una pequeña editorial. Retoco fotografías almacenadas en mi portátil, elimino todo aquello que sobra de mi PC, hasta estoy haciendo un curso on line de Excel …. En fin, actividades varias. El problema es que cada mañana tengo que estar seis horas, y mi imaginación no da abasto. Las mañanas se me pasan lentas, miro el reloj constantemente, y hasta tengo ciertas rutinas que me hacen ver que ya he superado una etapa del día; como por ejemplo el desayuno a las 9:15, que me lleva unos 20 minutos…. O el caramelo que me tomo a las 12, así como las dos o tres levantadas para ir al baño del pasillo. Ayer, desesperado, y con la intención de desviar mi vista sobre el ordenador, pues al final del día siento los ojos algo cansados, me acerqué a la habitación donde tenemos una pequeña biblioteca y cogí un libro sobre Trafalgar. Ni corto ni perezoso me lo llevé a mi despachito y empecé a leerlo. Así al menos me culturizo.

Algunos os preguntaréis que qué opinan los demás compañeros, o si esta parada me afecta a mí sólo o a todos…. Pues, me afecta sólo a mí, pues esta actividad que desarrollo es competencia únicamente mía. Los demás tienen sus cosas que hacer, y por lo general hasta andan ocupados toda la jornada. Me he ofrecido incluso a alguno de ellos para echarles un cable si lo necesitaran. Y hace siete días hasta pasé toda la mañana en otro departamento, pues se le acababa el plazo para presentar una solicitudes y necesitaban ayuda para llegar a tiempo.

Mis amigos piensan que ojalá estuvieran en mi situación: ser pagado por no hacer nada…. Obviamente es mejor estar cobrando que no cobrar…. pero la verdad es que es un auténtico coñazo la inactividad en el curro. Espero y deseo que la próxima semana me llegue carga de trabajo, o me veo con un mono y unas brochas pintando las paredes de la oficina.

Ya No Toy Parao

Varios meses después de haber iniciado este blog, el cual surgió como medio de desfogue debido a mi situación de parado de larga duración, me viene por sorpresa una oferta de trabajo que no dudé en aceptar ni un segundo. He estado en paro durante cuatro años, quitando dos experiencias laborales de dos meses de duración cada uno. Ahora he firmado un contrato de seis meses, con posibilidad de prolongación, y además teniendo un horario totalmente compatible con la situación personal que vivo.

Sin duda, actualmente estoy viviendo una época muy buena, sobre todo si me comparo con la que tenía hace un año, por ejemplo. Cuando empezó el 2008, me dije a mí mismo que no podía ser que este año que empezaba acabara igual que los anteriores. Me dije que algo podía hacer yo por mejorar, y que con un poco de suerte me vendría todo lo demás. Lo primero que me planteé fue aprender a conducir. Tenía el carnet desde hacía varios años, pero nunca cogí el coche por miedo a la carretera. Pero la necesidad apremia, y la minusvalía de mi padre hacía necesario que yo pudiese llevarle en coche cuando fuera necesario. Meses después, sigo teniendo muchísimo respeto al coche y a la carretera, pero soy capaz de conducir por la ciudad y llegar a ciudades cercanas cogiendo las autovías.

También me planteé que había otra cosa que estaba en mi mano y que debía de hacer: adelgazar. En noviembre de 2007 pesaba 99 kilos. Me dije que eso no podía seguir así, pues hace cuatro años pesaba 83. Así que me fui a un médico nutricionista y me dio una dieta específica para mí. Actualmente peso 87 kilos, 12 menos que hace un año. Aún podría adelgazar más, intentar llegar a los 83…. Pero ya sé que si me pongo a ello lo conseguiré.

Y después de estos dos cambios fundamentales, sólo podía esperar un golpe de suerte, que llegó hace un mes: una llamada ofreciendo un empleo. Fuese lo que fuese lo iba a aceptar, siempre y cuando fuese compatible con los horarios de mi padre. Y así fue. Jornada de 30 horas a la semana, seis horas por la mañana. Un horario perfecto para mí, aunque eso implique no cobrar el 100% del sueldo. Tardé varios días en saber cuánto dinero iba a ganar. Los amigos me preguntaban y me decían que a ver si me iban a pagar una mierda…. La verdad es que el sueldo me importaba bien poco. Para mí lo fundamental era estar activo, cotizar, salir de mi casa cada mañana para hacer algo productivo. Al final me pagarán bien, lo suficiente. Así que no me puedo quejar. De vez en cuando, camino de mi casa a la hora de comer, me descubro a mí mismo sonriendo; sonriendo por la cantidad de veces que he caminado por esa calle preguntándome cuándo lo iba a hacer volviendo de un trabajo….

El Parado en la Crisis

¡Hola lectores!

Estamos en crisis, lo quiera Zapatero o no. Muchos empiezan a padecer los efectos negativos, que se traducen en escasez de ingresos, despidos, pérdida de clientes, de negocios.... Las colas del paro aumentan considerablemente. Ya no es raro encontrarte con un conocido y te diga que está parado. Ya no se extrañan tanto...lo ven como algo en cierta medida...normal.

Y si esta crisis afecta a los que acaban de sellar el papelito del INEM.... ¿cómo lo hará a los parados de larga duración? Se inicia un periodo nuevo, el último trimestre de 2008, y las expectativas no pueden ser peores. Hace cuatro años, uno creía que el empleo podía caer en cualquier momento. Pero, ¿y ahora? Ahora casi es mejor ni pensarlo demasiado. Echaré curriculums, como siempre; actualizaré mis datos en las webs de empleo, como siempre; miraré las ofertas de cursos de FPO de la Junta, como siempre. ¿Encontraré trabajo?

Para los que me lean por primera vez, recordaré que soy un parado de larga duración, en parte por las limitaciones que tengo al ser el único hijo que vive con mi padre, el cual tiene una minusvalía.... No piensen que no trabajo porque no quiero. Si alguien me ofreciera un trabajo para empujar un carro, lo aceptaría, no se me caen los anillos....pero lo malo es que incluso esos curros suelen tener horarios incompatibles con el mío.

Si me acerco a una ETT, lo primero que me piden es DISPONIBILIDAD HORARIA.... término que me causa más tensión que un ataque nuclear. El otro día un amigo me preguntó que por qué no echaba el CV en la empresa donde trabaja otro colega. Resulta que ese colega trabaja a través de una ETT en una empresa que tiene tres turnos: mañana, tarde, noche.... De 6 am a 2 pm / de 2 pm a 10 pm / y de 10 pm a 6 am..... ¿Puedo acaso compatibilizarlo con mi situación personal?

En fin.... seamos optimista.... ¡A esta va a ser!

Un saludo a todos.

Las vacaciones del parado

Hola lector, si es que existes, si es que me lees.... Estamos ya en julio y el verano del 2008 ya empieza a rodar dispuesta a dejar un buen sabor de boca a todos los veraneantes. Todos los currantes añoran el verano para así poder cobrar la paga doble y hacer una escapa para huir de su rutina. El parado, la persona que no curra muy a su pesar, ve llegar el verano y quizás lo que más agradece es que puede hacer mejor uso de su tiempo libre y, además, que sus amigos y familiares trabajadores se cogen sus vacaciones, por lo que el tiempo libre del parado puede ser compartido con algunos de sus más apreciados.

A finales de junio, decidí una noche acostarme más temprano de lo habitual para así poderme despertar más temprano de lo habitual, y eso hice. Me levanté, me duché y me fui a la estación de tren con mi bicicleta. Cogí un cercanías con destino a una localidad vecina costera y allí, pedaleando, llegué hasta una de las mejores playas. Aparqué la bici y bajé a la arena. Sería las diez de la mañana, y aún no hacía calor. Dejé sobre la arena una toalla de playa y bajo ella mis zapatillas de deporte, y me fui a dar un largo paseo, de principio a fin.

Durante el paseo, me crucé con bastantes jubilados, personas mayores que ejercitaban sus piernas a un ritmo considerable. También me crucé con algún joven que otro, y adultos cuarentones. Me pregunté porqué estaban allí y no en una oficina o en una obra. ¿Eran parados, prejubilados, currantes en baja laboral? ¿Acaso trabajan pero están en su día libre? Era un martes, pero bueno, hay trabajos que se organizan con turnos y los días libres pueden caer entre semana. ¿Eran millonarios, ganadores de primitivas? O, quizás, simplemente eran parados como yo disfrutando de su vida y saliéndose de la rutina por una vez. Porque, al fin y al cabo, o nos regalamos un día de lujo de vez en cuando, o podemos acabar un tanto desquiciados.

Cuando regresé al punto de partida me monté en la bici y me fui a un bar donde había quedado con un amigo para desayunar. Serían las doce del mediodía y después del esfuerzo estaba hambriento. Me pedí un café manchado, una tostada de mollete entera con jamón y mantequilla. Un desayuno excepcional en una terraza tranquila, a la sombra y con buena compañía. ¡Qué lujo!

Después me fui con la bici a la estación, cogí el tren de vuelta a mi ciudad y de allí a mi casa. Me di una ducha de órdago y cuando miré el reloj eran las dos y cuarto: hora de almorzar. Pasé una mañana fantástica, saludable.... vitaminas para el espíritu y la mente. Estar en paro tiene sus cosas buenas, tan sólo hay que localizarlas y sacarle provecho. Camino de la estación del pueblo costero, me crucé con un amigo. Nos paramos para saludarnos. Él estaba estresado, salía de un banco y debía volver a su oficina para acabar un par de asuntos. Tenía un tick nervioso que ha ido desarrollando desde que inició su labor en la empresa donde trabaja. Al contarle cómo fue mi mañana me dijo: "¡Pero qué bien vives!" Y es lo que tiene la vida: cuando trabajas, deseas no trabajar; cuando estás en paro, deseas trabajar.

¡Un saludo!

La anécdota de la monja

Hoy estoy de bajón. El hecho de ver tan gris el panorama me hace ver las mañanas más difíciles de llevar.... Así que para alegrar un poco la cosa, voy a contar una anécdota que me pasó hace un mes.

Estaba una mañana en casa cuando llamaron a la puerta. Abrí, y eran dos monjas que nos visitan cada tres meses para hacerle entrega de una limosna que le hacemos siempre. Su congragación cuida ancianos sin recursos, así que hay que ser generosos y echarles un cable.

Como llevan tanto tiempo visitándonos, más o menos conocen a cada miembro de las casas que visitan, y preguntan por tal hijo, que si se casó o no, que si sigue trabajando en ese pueblo, que si tuvo ya un hijo.... Entonces, al verme me preguntó que si ya estaba trabajando. Le dije que no, que no había suerte.

Entonces, la monja habladora (porque cuando van dos una habla y la otra otorga) me afirmó categóricamente: "¡Mañana te llaman de un trabajo, mañana te llaman!" Yo me quedé sorprendido, y a punto estuve de dejar escapar una sonrisita. "A ver, ojalá, hermana", dije yo. "Mira, tú estás mandando curriculum, ¿verdad?" "Precisamente ahora he mandado un par de ellos por internet" "Pues mañana te llaman, que hoy voy a rezar a San José, y San José es muy milagroso"

La monja dio en el clavo.... ¡Un milagro! Eso es casi lo que necesitaba ya.... El caso es que las monjas se fueron, y yo seguí con mi vida cotidiana. Pero, horas más tardes, a eso de las 5 de la tarde, suena mi móvil y en la pantalla aparecía uno de esos números interminables que suelen pertencer a empresas. Lo cogí con curiosidad, y era una señora que llamaba de parte de una empresa nacional.

Me dijo que me llamaba por mi inscripción en una oferta a través de infojobs, y que si me acordaba. Dije que sí, aunque necesité varios segundos más para recordar a qué oferta se refería. Era de comercial.... Me apunté a sabiendas de que yo ni sirvo para comercial ni serviré en la vida, pero era una empresa nacional, y quería que tuviesen mi CV.

Tras un repaso telefónico a mis estudios y experiencias, la señora dedujo que no servía para ese puesto (y acertó), pero tuvo la amabilidad de decirme que pensaban abrir una oficina en mi ciudad dos meses más tarde, y que guardarían mi CV para cuando hicieran el proceso de selección de la oficina.

La señora colgó, y entonces me acordé de la monja, y eché a reir. Llevaba más de 5 meses sin recibir una sola llamada de una oferta de trabajo, y justo el día que viene la monja y me dice que me van a llamar, me llaman, incluso con unas horas de adelanto.

Más tarde, con los amigos, echamos unas risas fantaseando que a lo mejor la señora que llamó era la propia monja, haciéndose pasar por una técnico de selección.... Pero no, fue simple casualidad, o quizás.... ¡un milagro!

¡Saludos!

La rutina del parado

Estimado lector,

Fernando León escribió y dirigió una fantástica película en la que se retrataba bien las inquietudes, la amargura y la rutina de los desempleados: LOS LUNES AL SOL. Es quizás lo peor de este momento en la vida de una persona en edad de mantenerse activo laboralmente hablando.

Cuando una persona se encuentra en esta situación, especialmente cuando lleva bastante tiempo así, el primer enemigo es la rutina, la rutina de no hacer nada, por lo cual, es muy importante mantenerse activo, sea cual sea la actividad.

Lo primero que ha de hacer un parado es buscar empleo. Intentar no dejarse llevar por el infortunio, y mover el curriculum todo lo que se pueda. Es importante tener curriculums inscritos en los más importantes buscadores de internet, y visitarlos a diario, por muy desesperante que sea no encontrar trabajos en los que uno pueda tener opciones, o por mucho que aterrorice ver que a una oferta interesante hay inscritos 1678 personas.

No hay que olvidar los medios tradicionales: las páginas sepias de los periódicos dominicales, las visitas espontáneas a las empresas, estar atento a las vacantes que uno siempre escucha por la calle....

Pero, una vez hecho esto, ¿qué más se hace durante el día? Quizás el peor momento sea por las mañanas, ya que es el momento del día en el que más queda uno en evidencia por no estar trabajando. Esto que digo ahora es algo personal, pero seguro que muchos parados han pasado por lo mismo. Cada vez pienso más en el "qué dirán" los vecinos, conocidos, familiares lejanos.... Incluso algo como desayunar en la calle me resulta incómodo. Es mi costumbre desayunar siempre fuera de casa, y eso de verme con ropa de calle a las 10:30 de la mañana de un martes, leyendo el periódico deportivo de turno, mientras a mi alrededor no veo más que enchaquetados con prisa por llegar a la oficina.... es triste. Hasta me pongo a pensar en qué opinarán de mí los camareros que me ven habitualmente.... ¿Pensarán que soy un vago? ¿Que soy un millonario con la vida resuelta? Me temo que más lo primero que lo segundo....

En este periodo de desempleo, he intentado mantenerme activo realizando cursos del INEM. He realizado tres en los últimos cuatro años: uno duró un mes, otro tres meses y el último 8 meses. Ya dedicaré un post a estos cursos, pero me adelanto diciendo que hacer estos cursos estarían mucho mejor si realmente sirviesen para algo y enseñaran como es debido.

Ahora, pensar en hacer otro de estos cursos me frustra a más no poder.... Otra posibilidad es aprender un idioma, mejorar en la informática.... Todo lo que te pueda servir para futuros puestos de trabajo, y además para mantener el CV lo más activo y fresco posible. ¿Que da pereza? Por supuesto, pero hay que intentarlo.

Luego llega la tarde. Las tardes son distintas. Es un periodo del día más social, te puedes encontrar con amigos que han acabado sus jornadas y puedes quedar y charlar, reir, despotricar.... Es horrible para un parado de larga duración escuchar cómo los amigos se quejan de su trabajo. "Es que el jefe es un cabrón", "Es que tengo que echar dos horas más", "Es que...." Lo que daría yo ahora mismo por tener un jefe cabrón....

Y bueno, acabo ya esta reflexión. Es duro despertarse por la mañana y pensar: otro día más en paro.... Otro día más en el que tengo que buscar qué hacer para alejarme de la frustración de no tener nada que hacer....

¡Saludos!

Sí, estoy en paro.

Estimado lector,

Empiezo hoy esta especie de diario que pretende ser un pensamiento en alto de cara a analizar mi situación laboral, que puede ser representativa de un colectivo determinado de personas con circunstancias parecidas a las mías.

Tengo 33 años, soy licenciado, con postgrado, andaluz y residente en una ciudad mediana. Por desgracia, desde hace cuatro años no dispongo de las mismas condiciones que cualquier joven de mi edad para poder encontrar un trabajo acorde a mis estudios. Porque, una de las condiciones necesarias es tener una libertad de horario absoluta.

Cuando un joven busca trabajo, suele fijarse en el sueldo y en las características del puesto, y después de esto, hay otros factores que pueden ayudar a decidirse, como son el lugar del centro de trabajo y el horario laboral. Pero, ¿qué ocurre cuando un joven lo primero que mira al ver una oferta de trabajo es el horario y el lugar donde se desarrolla la actividad laboral? Sin duda, es que algo ocurre.

Para entender mi caso hay que volver atrás cuatro años. En 2004 yo vivía en Madrid. Tenía un trabajo estable que, aunque no era de aquello que estudié, me permitía vivir y sobrevivir en la capital como un mileurista más. Trabajaba para una empresa nacional que me permitía optar a subir de categoría, y por tanto ir acercándome poco a poco a mi puesto deseado. Pero en ese año mi padre enfermó, y le dejó como secuela una minusvalía física del 77%. Ante esa noticia desagradable, yo opté por ser buen hijo, y abandoné todo aquello que me retenía en Madrid: un curro, mi piso de alquiler, mis amigos, mi vida allí.... Todo por echar un cable en casa, y ayudar a mi padre a llevar su enfermedad de la manera más digna posible.

Una minusvalía repercute primero en el propio enfermo, pero también a sus familiares cuidadores que conviven con él. El hijo cuidador pierde algo tan importante como es la libertad horaria y de movimientos, lo cual le afecta en todos los ámbitos, pero especialmente en el aspecto laboral. Si el familiar enfermo necesita estar acompañado la totalidad del tiempo para poder moverse, ¿cómo se apaña el familiar para poder llevar un trabajo y respetar el horario laboral?

Lo primero que se procura, siempre y cuando se pueda económicamente, es buscar ayuda externa. En nuestro caso, optamos por jóvenes ATS recién licenciados. Ellos suelen aceptar estos curros de cuidadores, pero si les sale la oportunidad de cubrir una baja laboral ya sea de días o semanas, no dudarán en aceptarlo, dejando entonces al familiar con un problema enorme. En esa época, conseguí un trabajo de comercial que acepté porque no tenía un horario fijo ni tenía que fichar pero, aún así, tuve que dejarlo, ya que durante varios días no pude disponer del cuidador de turno y tuve que ocuparme yo de mi padre.

Esta inestabilidad es muy estresante a la hora de buscar trabajo porque lo primero es descartar todas las ofertas interesantes que tienen un horario incompatible con mi situación, y además aquellas que no tengan su centro de trabajo en la misma ciudad donde resido, lo cual limita bastante mis posibilidades, entre otras cosas porque el área laboral para el que me preparé flojea en mi ciudad.

Pongamos un ejemplo claro. Yo tengo experiencia como dependiente, así que es lógico pensar que ese es uno de los puestos a los que puedo optar. Pero, la mayoría de puestos de dependientes surgen en las tiendas de marca de los centros comerciales, o bien en las grandes superficies como dependiente de la cadena. Pero esos puestos suelen conllevar rotación, turnos indistintos de mañana y tarde.... Esos centros comerciales cierra a las 21:30 ó 22:00 de la noche, y el horario suele ser intensivo, y encima no sales cuando se cierra la tienda, sino que es normal tener que dejar la tienda a punto, por lo que se prolonga la jornada mucho más.

En un caso como el expuesto, no es nada fácil aceptar un puesto así, porque lo primordial para que un familiar cuidador acepte un trabajo es que tenga un horario fijo y conocido con anterioridad porque, de esa forma, es posible organizarte con otros familaires y cuidadores externos para que ellos estén con el enfermo mientras se trabaja.

En fin, para ser el primer post creo que es suficiente... A lo largo de los días analizaré otros hechos que expliquen por qué sigo en paro tanto tiempo después.... Como dije antes, este blog pretende ser un pensamiento en alto. Por supuesto, se aceptan comentarios siempre que sean respetuosos. Cualquiera que quiera opinar sobre mi caso particular, aportar ideas, sugerencias.... o bien que quieran exponer sus casos...ya sean desempleados o no.... Es un blog abierto.

¡Un saludo a todos!